lunes, 26 de mayo de 2008

El peculiar mundo del CECO

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Tras casi dos meses realizando el curso de Periodismo del CECO (ICEX) creo que es momento de hacer una evaluación de lo que he vivido entre las cuatro paredes del "edificio inteligente" más famoso de Madrid. Creo que para valorar con justicia este curso tendrán que pasar varios meses o incluso años, pero de momento ya tengo algunas cosas claras:

  • El curso: me parece muy completo. Toca todos los aspectos del periodismo económico, aunque quizá falla un poco en el aspecto de la formación microeconómica.
  • Los profesores: salvo excepciones muy contadas, debo reconocer que los profesores son muy buenos. Entiendo que debe ser difícil para un catedrático de Economía explicar materia dura a periodistas, pero creo que se aplican bastante y, en general, me resultan muy accesibles.
  • Los compañeros: lejos de lo que cabría esperar, el clima en clase no se acerca al darwinismo social. Al contrario, tengo la impresión de que aplicamos la teoría de juegos y sabemos que, colaborando, maximizamos nuestras oportunidades individuales de acceder a la beca.
  • Las notas: lo peor, con diferencia. No porque hayan sido malas, sino porque, practicamente, no las conocemos. La falta de feedback en un curso en el que se disputan 15 becas y todo se decide en décimas, resulta descorazonadora por la falta de transparencia que denota.
  • La carga de trabajo: muy pesada, a veces insoportable, aunque me parece bien que nos obliguen a trabajar mucho. Es la única forma de aprender.
  • Las perspectivas: inciertas. La falta de seguridad es lo más negativo del Icex. Personalmente, sé que mis posibilidades de acceder a la beca no son muy grandes, pero albergo algunas esperanzas. Quiero ir a Chicago con todas mis fuerzas, aunque empiezo a hacerme a la idea de que, si paso, mi destino no será el deseado. Puede que incluso me envíen a un sitio al que no quiera ir, aunque cada día estoy más convencido de que el periodismo económico ligado a la internacionalización es mi ámbito preferente. Es decir, que tragaré con cualquier cosa, con tal de dedicarme a la internacionalización.
En definitiva, como en todo, el Ceco tiene sus claroscuros, pero tengo la sensación de que, independientemente de lo que suceda el 20 de julio (el día D), guardaré esta experiencia como un período inolvidable.

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